logo

Diego Eterno

Especial

tapa del libro

Una opinión bastante extendida durante estos últimos días, es que con el fallecimiento de Maradona, se murió una parte central de la infancia de muchos. Y que al decirle adiós, se están despidiendo también de aquello que ellos mismo fueron, como de aquel que tanto admiraron.
En mi caso, antes de que supiera quién era el presidente, y que Diego fuera incluso campeón del mundo con la selección mayor. La imagen del diez eufórico y victorioso era una de las primeras cosas que veía cada mañana, ya que tenía su calcomanía pegada en mi ropero, porque venía junto a la colonia pibes que me ponía mi mamá.
Esa circunstancia generacional es fortuita, pero explica como en las últimas horas los pocos comentarios en las redes contra de Maradona provienen de aquellos que políticamente aplauden los goles contra los más vulnerables. O de jóvenes que se han vinculado a la figura de Maradona más por sus escándalos con Verónica Ojeda y Rocío Oliva, que por haber sido contemporáneos a las hazañas maradoneanas.
No es fácil explicarles a lo que ahora son chicos, las sensaciones que nos trasmitía Diego cuando antes de cada partido lo veíamos en vivo arengar a sus modestos soldados, de que era posible ganarle a los favoritos, como lo era el país anfitrión del mundial 90, y lo lograrlo. Tampoco se les puede transferir la identificación que sentíamos cuando al mismo tiempo de que oíamos a los italianos insultar el himno argentino, la cámara enfocaba a Diego devolviendoles la puteada a la par nuestra.
Ni hablar de cómo en aquel entonces el fútbol y el Fair Play eran conceptos bastante opuestos. Y en algunos partidos se veían más golpes que en las películas de acción. Por tanto, mirarlo con ojos de niño a Maradona con la camiseta de la selección Argentina, no era muy distinto que ver a Clark Ken con el traje de Superman. Lamentablemente, hoy los más chicos son contemporáneos a otro modelo de jugadores en la selección, mucho más apático en el juego, pero sobre todo en la relación con el público. En ese sentido, hoy es normal ver a los futbolistas bajarse del micro y pasar al lado de la gente sin siquiera brindarle una sonrisa. Mientras previo al mundial 86, el plantel de la selección hasta participó de una fiesta popular en Tilcara.
Por todas estas cuestiones, la idea bastante difundida de que: «no importa lo que Diego hizo con su vida, sino que lo importante es lo que él hizo con la nuestra». Sintetiza el agradecimiento eterno que le tendremos quienes superamos los 40, y que para algunos jóvenes les resulta un tanto difícil comprender.
Sadi Vilaboa

Fotografías: Matias Baglietto, Facundo Nivolo, Cecilia Bethencourt, Maxi Vernazza, Agustina Salinas, Daniel Peluffo, Daiana Panza, Mauricio Centurión, Pablo Cuarterolo, Lidia Barán, Luis Abadi, Manuel Cortina, Victoria Gesualdi, Vero Ape, Hernán Vitenberg, Flor Guzzetti, Nacho Yuchark, Mafia, Fernando De la Orden, Guido Piotrkowski, Daiana Bersi, Kaloian Santos Cabrera, Florencia Szwed, Rimac Colectivo, Silvia Sánchez Puch, Germán Romeo Pena, Nicolás Avelluto, Colo Gens, Federico Cosso, Cinthia García Prato, Germán Adrasti, Juan Mateo Aberastain Zubimendi, Daiana Nahir Vitale, Claudio Larrea, Sarah Pabst, Nolan Rada Galindo, Alfredo Amalfitani, Enrique Garcia Medina, Nazareno Ausa, Loló Arias, Nazareno Russo, Hernán Pablo Pascarosa, Eduardo Longoni, Tam Muro, Sebastián Romero


bexbariloche@gmail.com - Bariloche - Patagonia - Argentina
Abriendo espacios a la fotografía latinoamericana